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Pilotos cancelan vuelos para evitar deportaciones. Foto: AFP

Pilotos alemanes cancelan vuelos para no devolver refugiados a sus países de origen

Ocurrió en 222 casos desde enero. Se niegan así a repatriar a inmigrantes con pedido de asilo rechazado.

Clarín/

En un gesto de fuerte significado político, los pilotos alemanes se niegan a devolver a sus países de origen a los refugiados deportados por el gobierno de Berlín. Según informes oficiales y de las aerolíneas Lufthansa -la empresa de bandera germana- y de su subsidiaria de bajo costo Eurowings, al menos 222 vuelos fueron cancelados entre enero y setiembre por esta razón.

En su mayoría se trata de viajes a Afganistán. En todos esos casos, los pilotos y el personal de abordo rechazaron despegar para evitar de tal modo ser parte de las deportaciones de solicitantes de asilo fallidos.

La medida se hace cada vez más común entre los pilotos de línea alemanes, que principalmente se niegan a trasladar refugiados que viajan con destino a Kabul, capital de un país acosado por la violencia terrorista integrista.

Las acciones de los pilotos son la contracara de las medidas adoptadas por los gobiernos europeos que han incrementado la vigilancia de las fronteras o directamente “devuelven” a los inmigrantes a sus países de origen. Las organizaciones de derechos humanos afirman que, de tal modo, los gobiernos violan derechos de los inmigrantes y los refugiados de guerra.

Alemania en particular ha endurecido en los últimos meses el proceso de otorgamiento de asilo político a más de millón y medio de refugiados que entraron en su territorio desde 2015, cuando la canciller Angela Merkel ordenó que se abrieran las fronteras a una masa de migrantes que llegaba a Europa escapando de la guerra civil de Siria y de otros conflictos en el corazón de Africa.

Ahora, para justificar el envío de regreso de los refugiados a Kabul, las autoridades de Berlín sostienen que Afganistán es un país “seguro”, por lo que sus ciudadanos no califican para obtener la autorización de permanecer y deben ser expulsados.

Tomando ese argumento oficial, los pilotos denunciaron la “hipocresía gubernamental” por cuanto, en el mismo sitio online de la cancillería alemana, las autoridades aconsejan a sus ciudadanos abstenerse de visitar Afganistán “debido a la masiva presencia de talibanes y fundamentalistas del Estado Islámico”.

Berlín consigna incluso que la embajada alemana en la capital afgana sufrió un atentado en mayo pasado con 80 muertos y varios heridos.

El tema de la inmigración es un asunto central en el debate político alemán. La derechización de la sociedad es cada vez mayor y se expresa en el avance de la ultra derecha través de Alternativa por Alemania, una agrupación neonazi que acaba de llegar al Parlamento federal por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque Merkel ganó este año los comicios, obtuvo su peor resultado. Ahora, el gobierno ha endurecido su política inmigratoria.

El discurso xenófobo y el reclamo de un endurecimiento de las políticas anti inmigrantes ha calado hondo en sectores de la sociedad. Ante la creciente llegada de inmigrantes, el gobierno alemán examinó de enero a junio la misma cantidad de pedidos de asilo que todo el resto de la Unión Europea: 388.201 casos.

Unos 40 de los vuelos anulados en Alemania debían partir del aeropuerto de Dusseldorf, en torno al cual crecen las manifestaciones contra esas expulsiones. Sin embargo, el aeropuerto más afectado es Frankfurt, donde hubo más de 140 protestas.

Con todo, Alemania sigue siendo la nación más atractiva para los migrantes que quieren establecerse en Europa y los casos de candidatos al asilo que recurren a la justicia para tratar de revertir la orden de repatriación se multiplican.

Todo tiene una repercusión en la carga fiscal que deben pagar los ciudadanos alemanes que mantienen el sistema. Según el gobierno, esos procesos habrían costado unos 19 millones de euros al Estado en lo que va del año.

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